martes, 17 de abril de 2018

Epístola VII a Jonathan Abanto (Octubre 2012)


Karissimo Amico:
Falta poco más de un mes para dar fin a mi fascinante y hermoso exilio. Desde que decidí apartarme de la turba y refugiarme en el templo de mi propia existencia, he leído como nunca. Grandes mentes del pasado me daban el sustento literario y filosófico, mientras que el ave de minerva, me traía a diario en su pico, el alimento material, a veces un poco de frutas y otras un poco de pan, miel y vino. ¿Sabes? Hay veces en que es bueno que el hombre se tome un tiempo a solas ¡lejos! incluso de la familia y amigos. Apagar por un buen tiempo el celular y cerrar las redes sociales, ayudan mucho a olvidarse de las banalidades y distracciones superfluas a los que te tiene mal acostumbrado este sombrio mundo. Apagar el celular y guardarlo, es acordarse más de uno mismo y dedicar más tiempo para tus trabajos o estudios personales. Vivimos por breve tiempo y no debemos desperdiciar los pocos momentos que tenemos en esta lóbrega y cuasi-efímera existencia, en hacer nada productivo. Que nuestro ocio no alimente el aburrimiento, el tedio o se convierta en la madre de todos los vicios, sino, por el contrario, que éste ocio que Júpiter nos concedió, sirva para producir nuestras obras, leer mucho o aprender lenguas de manera personal. Si bien, la instrucción o enseñanza que podamos recibir de algún profesor o alguien que sepa más que nosotros pueda ayudar, valoro más la formación y preparación personal, la misma que tiene que ser sigilosamente trabajada, gracias a la disciplina y temperancia que uno mismo se establezca como rutina. Por cierto, en tu email me preguntabas ¿no extrañas la universidad y la facultad de derecho? Pues déjame responderte que desde que salí de aquella facultad y empecé mis estudios dedicados a la filosofía, no hice otra cosa más que pensar en ella. Pero mejor te lo resumo en una sola línea: el derecho fue mi esposa, pero la filosofía es mi amante. Y no sabes lo bien que la paso con mi amante, disfrutando de su sapiencia y dejando atrás mi docta ignorancia. Por ejemplo, mañana me toca leer al maestro Séneca desde muy temprano, sus epístolas a Lucilio y sus breves escritos sobre la vida, la felicidad, la ira, la clemencia y la pobreza, me van enseñando que debo dejar lo material, lo banal, lo superfluo y buscar la simpleza de la vida, destilando mis pasos en el amor a la escritura o la lectura, la contemplación de la belleza a través del arte y la lucidez para pensar las cosas antes de tomar decisiones nefastas. Por la tarde, seguiré leyendo al indomable, desobediente, rebelde, pero genio, sobresaliente e inteligentísimo Chamfort, el francés tiene picardía en sus escritos y sagacidad, sabe cuando ser un mago con las palabras, pues pareciera como que te enseña lecciones morales, pero su trasfondo es inmoral, no obstante, leí en uno de sus libros el siguiente aforismo que me hizo comprender el porqué a veces soy duro y frío para con mis semejantes, lo cito en francés «En vivant et voyant les hommes, il faut que le coeur se brise o se bronze» lo cual significa, que «viviendo y viendo a los hombres, hace que el corazón se rompa o se endurezca». Ya por las noches, antes de dormir, leo el tratado político de Spinoza, para no olvidarme que mientras -lamentablemente- viva en una sociedad subordinada a las leyes que dicta nuestro gran Leviatán, uno debe ser cauto y ver la manera de vivir en paz, más con uno mismo que con las leyes que el Estado te impone. A veces quisiera tener las agallas de Thoreau o el romano Catulo y gritarle al Estado que ¡Se meta sus leyes a una parte del cuerpo donde no le entra el sol!. Ofrezco disculpas por esta última expresión, pero ¿cuán difícil es vivir entre los hombres y sus leyes cuando te das cuenta que la maldad y la corrupción son las verdaderas reinas de una nación que vive con el antifaz de la "democracia" y el sometimiento de los más débiles? En fin, amigo mío, aunque tengo cerrado las redes sociales y apagado el celular (guardado en mi casa), desde esta cabina solo entré para responder tu email y el de algunas otras amistades que amablemente se toman la molestia y el tiempo de poder escribirme y así compartir sus experiencias con este servidor de la razón. Ofrezco mis disculpas, si esta misiva no fue tan larga como la anterior, pues ya responderé a tu otra interrogante, en el próximo email.
Iovem soli gloria in coelis et pax in terra!
(¡Solo a Júpiter la gloria en el cielo y paz en la tierra!)
Un fuerte abrazo!
Atte. Ephraim Misarius Torpocus
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(Correo enviado a Jonathan Ab. en el año 2012).


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