lunes, 23 de enero de 2012

El AMOR en Latín


Cuando analizamos o queremos buscar las fuentes etimológicas (las primeras raíces) de algún término, lo que solemos hacer es recurrir a un diccionario. Sin embargo, pretendo ir un poco más allá de esto y tener las cosas en claro con respecto al término AMOR.
Muchos sabemos que los antiguos griegos tenían las cosas en claro, pues ellos no se confundían mucho (como generalmente lo hacemos nosotros) cuando decían que “aman” o “amaban” a alguien, ya que la diferencia clásica - de lo cual he tratado en el capítulo anterior - nos remotan a tres términos: 1. Eros  2. Agape  3. Filia, o sea, el EROS (amor erótico, pasional), el AGAPE (amor puro y tierno) y la FILIA /philia/ (el amor valorativo). Es por ello que los antiguos griegos, sabían a lo que se referían cuando decían que “aman o amaban” a alguien y no tenían tanta confusión en el sentido que lo decían o lo expresaban. Pero ellos no eran los únicos que tenían las cosas en claro.
Pero antes de pasar a explicar cómo entendían los latinos al AMOR, debo ser explícito y no dejar dudas o malos entendidos en cuanto la raíz etimológica latina, ya que hubo un tiempo en que algunos escolásticos confundieron la etimología del término AMOR, ya que ellos concebían que la palabra “AMOR” estaba conformada por “a” que significa “sin” y “-mor” una contracción del término “mortem” que significa “muerte”, con lo cual sostenían que “Amor” significaba para ellos “Sin Muerte” y por lo tanto “Dios es Amor”, porque “Dios no tiene muerte” y al no tener muerte, es “Eterno”, por ello, “Dios al ser Amor, es Eterno”. Sin embargo, aquí detectamos dos gravísimos errores, ya que la letra “a”, si bien es cierto es un prefijo de negación, lo es, pero en GRIEGO y NO en latín, pues los escolásticos fallaron ahí al tratar de dar una negación empleando el griego a una palabra latina, dado que el prefijo de negación en latín es “IN” y no “a”. En realidad, el origen de la palabra Amor, deriva del mismo latín Amor, así de sencillo. Y por ahí la única diferencia sería en la pronunciación, ya que en latín no existen palabras agudas, no se pronuncia como en el castellano, sino como si llevara una tilde en la letra “A”, o sea Ámor (ámor) y punto. Pero como sé que por ahí seguirán habiendo un par de “escépticos” en este sentido, seré más claro y añadiré que la raíz arcaica de la palabra “amor” en latín, es “Amos” y esta “s” final por rotacismo, terminó convirtiéndose en “r” (erre) y es por eso que para nada tiene algún nexo con el término “mort” (muerte) y mucho menos con “amo”. Entonces ahora que tenemos mejor esta noción etimológica de “AMOR”, pasemos a analizar el término “AMARE”.
Bien, el vocablo “AMARE” es el “amor adhesivo” y DILIGERE, viene a ser el “amor reflexivo”. Cuando los antiguos latinos empleaban el AMARE, se referían al amor en el cual uno se “adhiere al otro”, se apega al otro, quiere ser “uno solo”, en el sentido de “amor pasional”, mientras cuando se referían al amor DILIGERE, entendía que quiere un amor diligente, cuidadoso, atento, responsable, un amor reflexivo, o sea quiere expresar una voluntad honesta al amar, porque la DILECCIÓN /Diligir/(Diligere) busca un amor eterno y puro. De este modo, podemos darnos cuenta que existe una gran diferencia - más que notable diría yo – en la aclaración que tenían los latinos con respecto a estos dos términos para la palabra “AMOR”.
Incluso muchos de los antiguos escritores, distinguían el amor concupiscente (interesado) y el amor benevolente (desinteresado), el amor adhesivo, el amor del enamorado al ser pasional es concupiscente, aunque muchos no quieran reconocerlo o aceptarlo. Mientras que el amor reflexivo es benevolente, y cuando uno lo practica, tiende hacia los demás un buen agrado, cae bien, se le estima, se le aprecia, genera un ambiente de afecto hacia las personas. Para aclarar esto, debo citar a Krishna, Budda o Jesús como ejemplo, ya que ellos predicaban el amor benevolente, pero la gente que los seguía, solamente entendían el amor concupiscente y ¿por qué sucedía esto? Porque las personas por lo general solemos ser concupiscentes, porque las personas más buscan lo pasional, el erotismo, porque siempre busca querer satisfacer sus propios deseos, pero aun así nunca es capaz de llegar a calmar sus propios apetitos. Lastimosamente el amor concupiscente es dependiente. Solo muy pocos piensan en ver o buscar el amor benevolente, o sea la dilección y cada vez hay menos.


2 comentarios:

  1. "Si eres un amante de la verdad, no te dejes engañar por otros e investiga por tí mismo".

    "Ti" nunca lleva acento. Saludos.

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